Historia, Paleografía, Siglo XVIII

Herejía en Puebla, 1777

La religión católica y las pautas dictadas por su Iglesia fueron determinantes en la vida de las personas del Antiguo Régimen. De esta forma la religión se encontraba presente en prácticamente cada aspecto de la vida cotidiana, las personas anhelaban la felicidad después de la muerte y en vida procuraban ser buenos cristianos así como contribuir a su salvación por distintas vías: comprando indulgencias, bulas, respetando y participando en las festividades, asistiendo a ceremoniales religiosos, rezando, etc.

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Escudo de la Inquisición

 

Sin embargo, las autoridades religiosas no podían confiar en la buena voluntad de los creyentes (que en muchos casos se cuestionaba que realmente existiera) por lo que se crearon distintas maneras de vigilarlos y llevarlos por el buen camino. Una de las maneras más conocidas para el resguardo de la fe católica fue a través del Tribunal del Santo Oficio. Este tribunal se encargó de perseguir a miembros de otras religiones, castigar herejías y otros delitos como blasfemias, comportamientos sexuales inapropiados e interpretaciones personales de los tópicos religiosos.

Los documentos generados por el Santo Oficio permiten entender parte de las dinámicas sociales que se presentaron desde el siglo XVI y hasta la primera década del XIX. Entre estos documentos se encuentran distintos procesos que dan cuenta de la gran cantidad de interpretaciones religiosas que los habitantes novohispanos podían tener. Un caso interesante es el de Cristóbal Valderrama, quien fue maestro sastre y en 1777 enfrentó un proceso por supuestamente participar en un grupo que reinterpretaba las sagradas escrituras:

En junio de 1777, Cristóbal Valderrama fue detenido y llevado a la prisión de Puebla de los Ángeles por haber gritado blasfemias durante una procesión que pasaba frente a su casa. Mientras cumplía su sentencia una serie de rumores y denuncias llegaron hasta los oficiales de la inquisición, quienes se alertaron y solicitaron que se transfiriera a Valderrama hasta la sede del Santo Oficio en la ciudad de Puebla.

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Primer foja del proceso contra Cristóbal Valderrama

Los rumores relataban que desde hace varios años, al caer la noche, un grupo de personas se reunía de manera clandestina en un lugar al que llamaban «la academia». En este lugar discutían sobre la naturaleza de la religión católica, la existencia de Dios, el origen de las escrituras y razonamientos en torno los ángeles, la virgen María y el niño Jesús, sostenían que el orígen de las escrituras residía en un grupo de síbilas quienes escribieron tres libros, de los cuales nada más uno perduró y fue entregado al papa. Además, leían y estudiaban la biblia (algo que en ese entonces estaba reservado únicamente para los miembros de la Iglesia) por lo que llegaron a generar interpretaciones propias sobre distintos aspectos de la religión.

Algunas denuncias ligaban a Valderrama con este grupo clandestino por lo que los oficiales de la inquisición procedieron a enjuiciarlo. Durante el proceso Cristóbal Valderrama defendió su inocencia, argumentando que no tenía relación alguna con este grupo herético, confesando que su mayor debilidad era el alcohol, razón por la que el día de la procesión había insultado a las personas que participaban en ella. No obstante, los oficiales del Santo Oficio decidieron observar su comportamiento e investigar más al respecto por lo que Valderrama, pese a ser absuelto de los cargos, permaneció en prisión por unos meses.

El caso de Valderrama no es aislado y aporta una gran cantidad de elementos propios de la sociedad poblana del siglo XVIII. Para profundizar en el caso mencionado, puedes consultar el documento digital en el Archivo General de la Nación (México), fondo indiferente virreinal, caja 5511, expediente 22.

 

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Rúbricas al final del proceso contra Valderrama

 

 

 

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