Historia, Paleografía

Tiendas y empeño en Nueva España

El 2 de mayo de 1796, a unas cuadras de la Plaza Mayor de la Ciudad de México mucha gente se aglomeraba a las afueras de un pequeño local, una pulpería (tienda miscelánea) llamada “Coutiño” que se disponía a rematar ropa, artículos de plata y algunos libros.

Estos artículos se ponían a la venta porque meses atras fueron recibidos en empeño, sin embargo, sus dueños jamás volvieron a pagar las cantidades prestadas y reclamar sus bienes por lo que los dueños de la tienda decidieron rematarlos.


Para ver los documentos producidos por la pulpería Coutiño puedes seguir este enlace


A finales del siglo XVIII la práctica de pedir dinero prestado dejando en prenda algún objeto era muy común en la sociedad novohispana. Las pulperías, pulquerías y otras tiendas tenían permitido aceptar ropa y otros bienes para otorgar una minúscula parte en plata (moneda corriente) y la otra en crédito para obtener los productos que vendían.

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La documentación relativa a este tipo de prácticas es dispersa, aunque con el debido cuidado se puede obtener una gran cantidad de información sobre las prácticas sociales en Nueva España. Un ejemplo es el caso referido, la pulpería Coutiño, mismo que se encuentra en el archivo del Centro de Estudios de Historia de México, fondo CDLV-2, legajo 1.

 

 

 


Por ejemplo, en el caso de las pulperías
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Cuando alguien dejaba un objeto en prenda por concepto de 1 peso 4 reales, tenía derecho a pedir 2 reales (con los que se podía comprar más o menos 4 kilos de carne de res) en moneda común y el resto (1 peso 2 reales) se le daba en crédito para comprar en la tienda.

La ropa destacaba como uno de los objetos que más empeñaba la gente debido a que en ese entonces era algo muy preciado, se guardaba con cuidado y se heredaba a los familiares. También se empeñaban libros, artículos de plata, vidrios, y partes de tela.

Con respecto al empeño y la lógica de los habitantes de la ciudad en torno a su economía domestica, poco se ha estudiado en la historiografía. Sin embargo, paulatinamente van surgiendo trabajos que profundizan en estas temáticas.

 

Para aprender más sobre las pulperías puedes ver estos enlaces:

Prendas and Pulperías

La distribución de las tiendas misceláneas

Historia, Paleografía

Numerales: Calderón y numeración romana

En esta entrada se presentan algunos casos que el estudioso puede encontrar y que posiblemente dificulten la tarea de interpretación si no se tiene el debido cuidado. Primero se trata el caso de las cantidades con millares y después se aborda el ejemplo de númerales romanos, especialmente importantes para documentos del siglo XVI.

El signo calderón

Este signo era empleado para la escritura de millares. Se caracteriza por su gran parecido a una letra «D» mayúscula, mientras que para los siglos XVI y XVII puede resultar complicado identificarlo para el siglo XVIII su escritura se volvió más clara. Las cantidades situadas a la izquierda del calderón se multiplicaban por mil, mientras que las situadas a la derecha se mantenían sin modificaciones. Aquí unos ejemplos:

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En rojo se resalta el signo calderón

De esta forma en la imagen anterior se pueden leer, de arriba hacia abajo, las siguientes cantidades: 283 pesos; 1 270 pesos 6 reales; 400 pesos; 222 pesos; 310 pesos; 2 422 pesos; 471 pesos 5 reales.

Se debe destacar que en este tipo de tablas con distintas cuentas el calderón se mantenía aunque la cantidad unicamente se articulara por centenas.

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En este ejemplo se rescata una suma de cantidades en la que el calderón es más estilizado. La cantidad se lee como 5 874 pesos 5 y medio reales

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En esta tercera imagen se observa otra manera de escribir el calderón, misma que puede llegar a confundirse con las propias cifras por lo que se debe ser cuidadosos.

 

Numerales romanos

Otro caso importante es el de los numerales romanos, dentro de la letra cortesana era común encontrar este tipo de notación, situación que dificulta la lectura de algunos documentos. Se debe estar atento en los documentos producidos a finales del siglo XV y hasta mediados del XVI. Un ejemplo en el uso de este tipo de numeración:

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«En Madrid a XVIII de febrero de MDXXXV años. Sebastián Rodríguez en nombre del dean e cabildo y fábrica de la iglesia de Santo Domingo presento esta petición en el Consejo de las indias de su Majestad»

Específicamente sobre el caso de los numerales romanos existen diversos estudios, a continuación compartimos uno referente a la contabilidad de la bula de Santa Cruzada en el siglo XVI:

Historia

¿México colonial o virreinato de Nueva España?

Desde pequeños en el colegio nos enseñan que en México tuvimos un régimen “colonial” tras la conquista del Imperio Mexica.

Pero ¿si en realidad Nueva España fue un reino que conformaba al Imperio Español con casi los mismos privilegios que el resto de los reinos?

En años recientes se ha criticado la idea de un régimen colonial establecido por la monarquía católica (lo que hoy día llamaríamos España). De hecho, se propone que esta monarquía se conformaba de distintos reinos, un imperio mundial que se gobernaba, en la cabeza, por un juez supremo (o perfecto): el rey.

En ese sentido, es necesario tratar de entender lo que fue la monarquía católica desde su contexto, por lo que hablar de un «México colonial» presenta ciertos inconvenientes:

  1. La idea de que México ha existido desde siempre, sin importar lo que había antes de que siquiera se planteara la idea de una nación tal y como la endentemos hoy día.
  2. La lógica económica y política de un sistema colonial se impulsó por distintos imperios, especialmente a partir del siglo XVIII. Dentro de esa lógica resalta un establecimiento en determinadas regiones para explotar y exportar materias primas, con una mínima relación con los naturales (indígenas) así como una marcada separación política (la idea de metrópoli-colonia).
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En ese contexto, recientes investigaciones proponen que Nueva España se insertaba en un contexto de reinos que se unían bajo la idea de la religión católica y el gobierno del juez perfecto encarnado en la figura del monarca.

En la cosmovisión de Antiguo Régimen la sociedad se concebía como un cuerpo y, por lo tanto,  la monarquía también puede entenderse en ese sentido: el rey con sede en Madrid sería la cabeza mientras que el resto de los reinos de su gobierno serían partes del cuerpo. De igual forma se aceptaba que en ese tipo de sociedad la desigualdad era necesaria para subsistir, principio que también puede aplicarse a los reinos, había unos con grandes privilegios y otros con mínimos o ninguno.

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Ahora, si partimos de que Nueva España era un reino que conformaba la monarquía católica se puede entender mejor la lógica de su funcionamiento. Es decir, la explotación de las minas generó grandes recursos que se invirtieron en el propio virreinato, unas partes se mandaban a la Península Ibérica como pago al rey y se generaron relaciones entre bilaterales entre la sede del gobierno y e virreinato, por lo que la idea de una “explotación colonial” queda sumamente cuestionada.

Historia, Paleografía

Paleografía para historiadores

Cuando algunos estudiantes o historiadores se proponen iniciar una investigación de los siglos previos al XX, donde se acostumbraba escribir a mano, pueden encontrarse con sorpresas como la anterior o peores…

Para evitar un nulo acercamiento a la riqueza de los documentos, por falta de comprensión de su contenido, los historiadores han empleado desde tiempos inmemorables (o al menos desde que la historia se consolidó como disciplina) la paleografía.

Esta herramienta, como lo indica su nombre, es la encargada del estudio de la escritura antigua (o del pasado). En ese sentido, la paleografía se encarga de estudiar el tipo de escritura empleada en tiempo pretérito, tomando en cuenta el contexto específico del lugar que se estudia, el tipo de trazos, abreviaturas empleadas y significados concretos.

Con esta herramienta es posible acercarse y entender textos producidos en siglos pasados, aunque es necesario señalar que un historiador centrado en letra novohispana del siglo XVII podría tener algunas dificultades para entender lo que en esa época se producía en otras partes del Imperio Español o incluso en ciudades de otros imperios, por ejemplo, Londres o París.

Claro, no tendría muchas dificultades pero seguramente lo pondrían a pensar y esto es porque el contexto específico en el que se producían los documentos alteraba el tipo de escritura, ligeramente pero había cambios sustanciales.

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Debido a que el estudio de la paleografía requiere paciencia y concentración hay investigadores que han optado por dejar de lado esta herramienta y utilizar a sus asistentes, jóvenes de servicio social o incluso pagar por transcripciones. Aunque hay peores casos ya que existen historiadores que estudian siglo XX por temor a los documentos antiguos y emplean periódicos y fotografías para no enfrentarse a la paleografía.

Pero en un mundo como el de hoy, en el que es cada vez más raro escribir a mano ¿dónde quedó el estudioso de la paleografía?

Es muy pronto para responder eso, sin embargo, consideramos que una herramienta tan importante no puede perderse ya que la gente especializada en ésta no solamente puede auxiliar a historiadores, lingüistas o filólogos, también puede ser útil en casos judiciales en los que se recurra a documentos muy antiguos (situación que ha ocurrido).

Por último, dejo la transcripción (con ortografía modernizada) de la imagen que está en el encabezado:

En el mes de septiembre de 1660 años entró a gobernar este reino el excelentísimo señor don Juan de Leyva y de la Diada, conde de Baños_____